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El monstruo de Liguria

Italia ha conocido a uno de los mayores serial killer desde los años 50 en adelante. Se trata de Donato Bilancia. Italiano nacido en Potenza el 10 de julio de 1951 que acabó con la vida de al menos 18 personas entre octubre de 1997 y mayo de 1998...

Italia ha conocido a uno de los mayores serial killer desde los años 50 en adelante. Se trata de Donato Bilancia. Italiano nacido en Potenza el 10 de julio de 1951 que acabó con la vida de al menos 18 personas entre octubre de 1997 y mayo de 1998. En el año 2000 salió su sentencia, por la que se le condenaba a 13 cadenas perpétuas y 26 años de reclusión, además de 14 años más por otro intento de asesinato.



Bilancia tuvo una infancia difícil, no obstante. Nació en Potenza pero su familia se trasladó a Génova, lugar donde comenzaría a participar en diferentes robos. Ya en 1976, con tan sólo 25 años ingresaría en prisión por hurto, pero escaparía de la cárcel unos meses más tarde.



Hubo un hecho en su vida que probablemente subrayaría aún más sus desequilibrios mentales. Esto es, sin duda, el suicidio de su hermano –junto a su hijo- que se lanzó a las vías ferroviarias de Génova. Al poco tiempo, Donato sufrió un accidente que le sumió en un coma profundo durante varios días. Fue una vez recuperado de esto cuando comenzó a radicalizar su personalidad en todas las facetas de su vida, pero principalmente en su desmedida afición al juego, donde le apodaban “Walter”.

Allí comenzaría a contraer deudas millonarias que le llevarían a robar a gente a la que posteriormente mataba para no poder ser denunciado.



Bilancia cometería todo tipo de crímenes. Algunos por deudas, otros por ira – como es el caso de mujeres inocentes – y otros como sicario de la filial genovesa de un clan mafioso de Cosa Nostra.



Así, comenzaría su larga lista de asesinatos con el de Giorgio Centanaro el 16 de octubre de 1997, al que mató asfixiándolo con una cinta adhesiva. A priori, los Carabinnieri concluyeron que era un caso de suicidio pero más tarde sería Bilancia quien confesó el crimen.



Una semana después del crimen, entraría a robar en la casa de Mauricio Parenti y su mujer Carla Scotto en su domicilio, ya que Bilancio creyó que Parenti y Centanaro eran socios. Acabó con sus vidas y robó del domicilio unos 13 millones de liras (6.500 euros aproximadamente).



Así continuaría con la vida de otras parejas como Bruno Solari y María Luigia Pitto, y una larga lista de etcétera durante tan sólo esos 7 meses. Otro de sus crímenes sería hacia  Giangiorgio Canu, al que asesinó por venganza por el hecho de ser un guardia de seguridad (venganza contra el cuerpo de seguridad).



La muerte de una prostituta levantó el pánico entre las calles de Liguria. Primero se pensó que podrían ser reyertas y rivalidades en el mundo de la prostitución, pero más tarde se comprobó que las muertes seguían unas pautas muy concretas. El asesino les obligaba a arrodillarse y les disparaba en la nuca.


Comenzaron a aparecer víctimas en los lavabos de las estaciones, y rápidamente llegaron a la conclusión de que se trata de un mismo homicida, pero aún no sabían quién era exactamente.

Desde la fiscalía de Génova se recomendaba a las mujeres que intentaran viajar acompañadas y tan sólo con lo necesario, así como si habían contraído citas con desconocidos prestaran la máxima atención.



La investigación comenzaba a tomar forma: según los estudios de balística de la RIS de Parma, se concretó que todos los asesinatos habían sido perpetrados con el mismo arma, además de en el mismo lugar.



La única prostituta que lograría escapar de Bilancia fue una transexual venezolano llamado Julio Castro, alias “Lorena” el 24 de marzo en Novi Ligure. Castro avisaría a los guardias de seguridad de lo ocurrido y éstos acabarían siendo asesinados por Bilancia. No obstante, gracias a las declaraciones de “Lorena”, se esclarecerían muchas dudas con respecto al perfil del supuesto serial killer.



Por ello, Bilancia comenzaría a cambiar de estilo respecto de los homicidios, pero seguiría matando a otras prostitutas, convirtiéndose así en el principal tema televisivo, ya no sólo en la prensa o telediarios, sino también en los diferentes programas de sociedad, creándose juicios paralelos y motivando así, por tanto, a reforzar aún más la seguridad de las estaciones ferroviarias. Para entonces, Donato Bilancia ya era “el monstruo de Liguria”.



Sin más, el 6 de mayo de 1998 la puerta frontal del hospital genovés de San Martino, fue testigo de la captura y detención de Bilancia. Dicen que su captura se realizó en su domicilio pero otras fuentes abogan la tesis del hospital de San Martino.



De todos modos, es cierto que Bilancia estaría durante más de una semana en silencio, acogiéndose a su derecho a no declarar. Finalmente, acabó derrumbándose ante el juez y confesando: "Sí, he sido yo. Las he matado aunque no sé por qué. No estoy bien, ayúdenme a curarme".



Acabó explicando con todo lujo de detalles cómo acabó matando a todas sus víctimas, e incluso les informó de otro crimen que había cometido al que la policía había declarado como muerte natural.



La defensa judicial dijo que el acusado sufría trastornos mentales y era incapaz de entender sus acciones, por lo que fueron solicitadas multitud de exámenes psicológicos. Tras los resultados, se dictaminó que Donato Bilancia estaba en completa y perfecta cordura y consciencia de sus actos y la consecuencia de ellos.

 
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